Tres chistes geniales de religión

Tres chistes geniales de religión

Un hombre entra al confesionario en una Iglesia:
- Padre, he pecado. Le he sido infiel a mi esposa. Soy productor de cine y
hace unos quince días me acosté con Jennifer López.
- ¿Algo más que confesar hijo?
- Sí padre. La semana pasada fui débil y también me acosté con Nicole
Kidman y Julia Roberts.
El cura muy calmado le pregunta:
- ¿Algún otro pecado, hijo?
- Sí padre, esta semana no he podido contenerme y he participado en un trío
con Cameron Díaz y Cindy Crawford.
- Lo siento hijo, pero no te puedo absolver, le responde el cura.
- ¿Por qué no Padre, si la misericordia de Dios es infinita?


- Sí, pero ni Dios te va a creer que estás arrepentido.




Una monja va al médico con un ataque de hipo que ya le dura un mes.
- Doctor, tengo un ataque de hipo desde hace un mes que no me deja vivir.
No duermo, no como, ya me duele el cuerpo de tanto movimiento
compulsivo involuntario.
- Tiéndase en la camilla, hermana, que la voy a examinar - dice el médico -
La examina y le dice:
- Hermana, está usted embarazada.
La monja se levanta y sale corriendo de la 
consulta con cara de pánico.
Una hora después el médico recibe una llamada de la madre superiora del
convento:
- Pero Doctor, ¿Qué le ha dicho a la hermana María?
- Verá madre superiora, como tenía un fuerte ataque de hipo, le di un susto
para que se le quitara y supongo que ya se le habrá quitado, ¿No?


- Sí, a la hermana María se le ha quitado el hipo, pero el cura se ha tirado del
campanario.




Padre, perdóneme porque he pecado.
- Dime, hija, ¿Cuáles son tus pecados?
- Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora.
- ¿Cómo es eso, hija?
- Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no
sé como describirlas.
- Hija, por favor, que también soy un hombre...
- Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted.
- Bueno hija, ¿Y cómo son esas sensaciones?
- No sé cómo explicarlas, por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de
rodillas y necesito ponerme más cómoda.
- ¿En serio?
- Sí, quiero relajarme y quedarme tendida...
- Hija, ¿Tendida cómo?
- De espaldas al piso, hasta que se me pase la tensión...
- ¿Y qué más?
- Es como que tengo un sufrimiento que no le encuentro acomodo.
- ¿Y qué más?
- Como que espero un poco de calor que me alivie...
- ¿Calor?
- Calor, padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer...
- ¿Y qué tan frecuente es esa tentación?
- Permanente, padre, por ejemplo, ahora me imagino, que sus manos sobre mi
piel me darían mucho alivio...
- ¡Hija!
- Sí, padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus
brazos y me dé el alivio que necesito...
- ¿Por ejemplo yo?
- Por ejemplo, usted es la clase de hombre que imagino que me puede aliviar.
- Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad...
- Setenta y cuatro años, Padre.


- Hija, ve en paz, que lo tuyo es reumatismo.

Únete a Salud y Humor!